ISSUE # 8| JANUARY 2006
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Ecologia Social,

Ecologia Profunda

Por Janet Biehl


Desde que el debate entre la ecología social y la ecología profunda llegó a su límite en el verano de 1987, muchas personas han abordado el tema en un intento de conciliar ambas aproximaciones y producir una síntesis mayor, que es lo sentido por ellos. Sin embrago, la Ecología Social y la Ecología profunda son inconmensurables por diversas razones básicas. Los ecologistas profundos difieren entre sí tanto como en los contenidos de su aproximación, lo que a menudo hace aparecer a la ecología profunda como auto-contradictoria y amorfa.   No obstante, basados en los escritos de sus principales teóricos, las áreas de desacuerdo básicas pueden ser identificadas.

I

La ecología social sostiene que la idea de dominar la naturaleza resulta de la dominación del hombre por el hombre en lugar de lo inverso.  Esto es, las causas de la crisis ecológica son fundamentalmente y en última instancia sociales en su naturaleza.  La emergencia histórica de las jerarquías, las clases, los estados, y finalmente la economía de mercado y el mismo capitalismo, son las fuerzas sociales que han, ideológica y materialmente, producido la despoliación de la biosfera.

En contraste, la ecología profunda sitúa el origen de la crisis en los sistemas de creencias, sean estas religiosas o filosóficas.  Más particularmente, los ecologistas profundos identifican las antiguas religiones del cercano este, incluyendo aquellas de Mesopotamia y Judea: el cristianismo; y la visión científica del mundo, como promotoras de un dispositivo mental que busca "dominar la naturaleza".  Es por medio del "hacer preguntas profundas", como Arne Naess lo pone, que se identifican estos orígenes, de modo que las causas sociales de la crisis ecológica son relegadas de algún modo a la categoría de "superficiales".

II

La ecología social ve al mundo natural como un proceso – y no exactamente como cualquier proceso, sino un desarrollo hacia una complejidad y subjetividad creciente.  Este desarrollo no estaba predeterminado desde un principio y no necesitaba haber ocurrido, pero retrospectivamente la creciente complejidad de la evolución natural y el desarrollo de la creciente subjetividad son imposibles de perder.  Con la aparición de los seres humanos, los procesos evolutivos (la primera naturaleza) han continuado y sido subyugados por procesos evolutivos sociales y culturales (segunda naturaleza).  A diferencia de la Sociobiología, que reduce lo social a lo biológico, la ecología social enfatiza la gradación entre la primera naturaleza y la segunda: la segunda naturaleza emergió de la primera.  Aún la frontera entre la naturaleza humana y no humana es real y articulada.

La ecología profunda, en contraste, ve a la primera naturaleza en abstracto, como una "unidad cósmica", que presenta sorprendentes similitudes con los conceptos alejados del mundo que son comunes a las religiones asiáticas.  En términos concretos ve a la primera naturaleza como "salvajedad, un concepto que por definición significa esencialmente la naturaleza separada de los seres humanos y por ende, salvaje".  Ambas nociones son notables por su carácter estático y anticivilizatorio.  (Los ecologistas profundos algunas veces resaltan la evolución de los grandes animales estratégicamente como una razón de la expansión de las áreas de lo salvaje). Los ecologistas profundos enfatizan una continuidad no gradual y no evolutiva entre naturaleza humana y no humana, hasta el punto de negar completamente la frontera entre animalidad adaptativa y humanidad innovadora.

III

La ecología social apunta al reintegro del desarrollo social humano al desarrollo biológico y de las comunidades humanas con eco-comunidades, produciendo una sociedad racional y ecológica.  La mera presencia biológica de seres humanos en grandes números no determina el tipo de sociedad que ellos formarán.  Incluso grandes números de personas son capaces de organizar la sociedad a lo largo de líneas que no sólo son no destructivas de la primera naturaleza sino que incluso la realzan.  Una combinación sensible de ecotécnicas y tecnologías existentes, aplicadas prudentemente, constituyen la base tecnológica para la post-escasez, permitiendo a los seres humanos el tiempo libre para administrar sus asuntos sociales, políticos y económicos en líneas racionales y sosteniendo y reestableciendo la complejidad ecológica de la primera naturaleza.

La ecología profunda, en contraste, no apunta a integrar a los seres humanos con la primera naturaleza.  Ella considera la mera presencia biológica de los seres humanos en cualquier gran número, como intrínsecamente dañina a la primera naturaleza e incluso, algunas veces, como nocivos los medios de subsistencia básicos.  En cambio, la ecología profunda busca preservar y expandir las áreas salvajes, excluyendo a los seres humanos de los siempre grandes sectores de tierra y bosques.  "La agricultura de subsistencia", escribe George Sessions, "que destruye la selva tropical no puede ser considerada progreso a largo plazo para los pobres".  "La severa sobrepoblación de los países del tercer mundo requerirá que la mayor parte de los pobres vivan en áreas urbanas en el futuro cercano".  De centralísima importancia para la ecología profunda es una disminución radical y potencialmente ruda de la población humana – de hecho, la reducción de la población como un tema, ha sido denominado la "prueba litmus (tornasol)" de la ecología profunda.  Maximizar lo salvaje y minimizar la población humana: incluso algunos ecologistas profundos miran con desagrado la agricultura como tal; visiones que han dado origen correctamente a los cargos que la ecología profunda es misantrópica.

IV

La ecología social afirma abiertamente que los seres humanos son potencialmente las formas más avanzadas de vida que la evolución natural ha producido, en aspectos cruciales de inteligencia, capacidad moral y destreza – los cuales de ninguna manera otorgan licencia a los humanos para destruir perniciosamente la primera naturaleza.  De hecho, en una sociedad racional, los seres humanos pueden llegar de forma natural a la autoconciencia.  Claramente, es parte de su constitución evolutiva intervenir en el mundo natural; lo que no es determinado es si aquella intervención será maligna o benigna desde el punto de vista ecológico, problema que es resuelto por qué tipo de sociedad ellos crean.

La ecología profunda en contraste, considera la centralidad humana o antropocentrismo como el rasgo fatal común de los sistemas de creencias generadores de la crisis ecológica.  Avanza en cambio, un concepto de de "biocentrismo o ecocentrismo", que atribuye el valor moral intrínseco a las formas de vida humanas y no humanas e incluso a los ecosistemas.  Considera varias capacidades sorprendentes de algunas criaturas en particular, como "habilidades" de igual valor a las capacidades humanas.  En la toma de decisiones sobre si los seres humanos deben entrar en un proyecto potencialmente dañino para el medio ambiente, los ecologistas profundos apoyan más "las necesidades vitales" de las formas de vida, en contra de las "necesidades no vitales" de los humanos.  Cuáles necesidades son las vitales, sin embargo, permanece indefinido.  Invocando "la ética de la tierra", de Aldo Leopold, la ecología profunda se inclina en contra de la intervención humana en la primera naturaleza y a menudo aparece considerando la intervención humana como intrínsecamente destructiva.  Incluso, en la medida que la ecología profunda llama a los seres humanos a alterar sus conductas a la luz de la crisis ecológica, tácitamente reconoce que la conducta de los seres humanos es decisiva.  Por tanto, la ecología profunda es inherentemente auto-contradictoria.

V

Mientras, la ecología social enfatiza fuertemente la necesidad de una sensibilidad ecológica, en verdad una ética de la complementariedad, afirma que encarar la crisis ecológica requiere comprometerse en la actividad social y política para confrontar y finalmente eliminar las causas sociales objetivas: capitalismo, jerarquía social y naciones-estado.  La dimensión política de la ecología social; el municipalismo libertario, es un programa para establecer democracias cara a cara y confederarlas en un poder dual para confrontar aquellas fuerzas.  La ecología social, así, se sitúa a si misma en la Ilustración y en la tradición revolucionaria.

La ecología profunda, en contraste, enfatiza abrumadoramente factores subjetivos.  Trazando sobre subjetivistas como Lynn White Jr, se llama a las personas a desarrollar una cuasi mística "conciencia ecológica" por la cual ellos se sentirán a sí mismos como partes del mundo natural, como un "ser en el Ser".  Los ecologistas profundos se acercan a esta conciencia a través de filosofías altamente personalísticas o "ecosofias" que trazan una mezcla ecléctica de visiones alternativas de mundo: nativos americanos, budistas, taoístas, paganos y "pleistocenicos".  Ellas comparten el rasgo común de infundir sumisión a "un todo", que como totalidad tiene más valor que el individuo humano, sin importar si tales visiones son entendidas con precisión o, en algunos casos, incluso son conocibles para la gente de hoy en día.  La ecología profunda, en la práctica, es inmovilizadora, enfatizando la contemplación más que la intervención, para alcanzar un estado de conciencia en el que existe una supuesta ausencia de fronteras entre la conciencia humana y la "unidad cósmica".  Algunos ecologistas profundos explícitamente eliminan los imperativos morales de esa "conciencia ecológica".  Aunque un ecologista profundo hace el llamado que al alcanzar la "conciencia ecológica" se engendrará la actividad política, la ecología profunda generalmente expresa una aversión a la mayor parte de la actividad política como tal por ser antropocéntrica, aparte del básico conservacionismo y los ya trillados intentos liberales de reducir la destrucción de lo salvaje.  La participación en movimientos políticos es de valor, sin embargo solo en tanto ella pueda contribuir a la transformación personal.  Más frecuentemente, la ecología profunda insta a que las personas hagan cambios en sus estilos de vida, que reduzcan su consumo.

VI

La ecología social sostiene que una de las características humanas distintivas; su capacidad de razonar a un alto nivel de generalidad, le da la habilidad para potencialmente entender los procesos naturales y potencialmente organizar la sociedad en líneas ecológicas y racionales.  Incluso en tanto ella critica el ubicuo clamor de un racionalismo "medios-fines", que históricamente ha instrumentalizado los fenómenos humanos y no humanos, avanza en un razonamiento dialéctico que es apropiado para la comprensión de los procesos evolutivos sociales y naturales.  En si, encarna este compromiso con la racionalidad a través de levantar y demostrar coherencia en el pensamiento social.

La ecología profunda, en contraste, desprecia y a menudo demoniza la razón como endémica a las visiones de mundo antropocéntricas, que han producido la crisis ecológica.  Alternativamente, la ecología profunda reslta a la intuición como una forma igual o más avanzada de cognición.  Los ecologistas profundos sostienen que a través de la intuición, la continuidad entre el ser humano y el "cósmico" puede ser aprehendida y apreciada.  Como una aproximación institucional, sin embrago, la ecología profunda está sujeta a los peligros representados por las primeras visiones del mundo antinacionales e intuitivistas, que llevadas al ámbito político han producido movimientos antihumanistas e incluso genocidas.  La ecología profunda, por su gran amorfismo, se hace fácil de ser usada por cualquier jerarquía social moderna, dependiendo de cómo sean definidas las necesidades.  En verdad, no es accidental que algunos teóricos de la ecología profunda sean devotos del trabajo "tardío" de Heidegger, cuyas premisa básicas son social e intelectualmente reaccionarias.

 

Traduccion de Agustin Sepulveda Sariego, con el gentil apoyo de Andrea Santelices Spiking.